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Diálogos con el Espejo: Me llaman, no me dejan dormir, tengo miedo…
Escrito por Ivanna Letocar   
Jueves, 10 de Noviembre de 2011 18:02

Había desarrollado una capacidad sensorial que parecía innata, era tan sofisticada…! Al mínimo sonido saltaba de su cama que, era alta y oficiaba de cajón gigante, sí, eso que llamamos “canapé”, pero casero y labrado con la herejía de la necesidad. Y, como en toda casa llena de habitantes, ese cajón albergaba en sus entrañan un montón de “yoquesé” cosas que se van guardando allí, cosas que quizá nunca necesites, perro allí juntaban tiempo…

 

Abrió los ojos de golpe y estaba parado bajo el marco de la puerta de la habitación contigua. Abrió bien lo ojos intentando despertarse un sueño ligero pero nebuloso. Dentro de esa habitación el tormento, la angustia y la desolación cubrían todos los rincones, no era fácil respirar.

Sentada en la cama su hermana, sola como en un océano… era tan frágil, tan chiquita… estaba con las manos en la cabeza balanceándose frenéticamente como si evitara la intromisión de algo que no comprendía. Él atravesó el marco de la puerta, ya despierto y con una sensación muy extraña o algo hostil. Su hermana rompió a llorar y sin parar entre sollozos, decía:

- Están ahí, ahí afuera! Qué se vayan!

Él se asomó a la ventana y no vio nada. La idea de que un grupo de espíritus perdidos molestaran a su hermana, le convenía muchísimo más de lo que la realidad le prometía aquella noche. Él, miedoso por naturaleza respecto a todo aquello difícil de explicar, respiró hondo, se armó de valor, agarró fuerte la mano de su hermana y dijo:

- Vamos a preguntarles que desean de ti, vale? Tú no me sueltes, voy a estar contigo todo el tiempo.

Eran las cuatro de la madrugada de un invierno inoportuno, duro, frío, oscuro, húmedo y flatulento... Realmente era difícil decir cuál de los dos tenía más miedo, aunque eran miedos diferentes, él (con su capacidad sensorial sofisticada) lo disimulaba bastante bien.

- Vas a ver que no hay nadie, por qué van a querer hablar contigo a esta hora? Qué crees que buscan de ti? Y, Quiénes?- Preguntó él, con una calma artificial pero creíble. - No sé, me gritan, gritan mi nombre, me llaman, no me dejan dormir, tengo miedo… - Si supieran el miedo que les tengo yo, pues…, se reirían de mí.- Dijo él, en un intento de disipar el terror. Y, lo consiguió.

Una sonrisa frágil, se dibujó en la cara de su hermana. Debajo de un árbol, los dos sentados en un tronco esperaban la llamada de esos desconocidos gritones que, como era de esperar, nunca aparecieron. El frío los estaba dejando entumecidos, decidieron entrar a la casa y se sentaron a mirar por la ventana un largo rato. Afuera, no se percibía presencia alguna.

Esa noche los dos durmieron en el canapé casero. Esa noche, también, la realidad había gritado cosas muy difíciles de digerir, era imposible para él en ese preciso momento, asumir que su pequeña hermana se había introducido de lleno, en el oscuro mundo de los delirios…

Al día siguiente, por suerte, salió el sol pero de radiante, no tenía un pelo.

Autor: Ivanna Costa Letocar.

Última actualización el Jueves, 10 de Noviembre de 2011 18:12
 

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"Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario" (Arthur Schopenhauer).

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