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Autismo y Sindrome de Asperger Imprimir
Escrito por Ivanna Letocar   

Leo Kanner, Médico Psiquiatra austríaco, reconocido a nivel mundial por su trabajo relacionado con el autismo, fue el primer médico del mundo en ser identificado como un psiquiatra infantil, fundador del primer departamento académico en psiquiatría infantil en el Hospital Universitario Johns Hopkins, de Estados Unidos.

En el año1943 define al autismo como un cuadro clínico grave y lo presenta de la siguiente manera:

“1º Afecta al niño desde su nacimiento (y quizá antes) comprometiendo el desarrollo y sus funciones en distintas áreas necesarias para la construcción de un individuo humano; 2º Por su cronicidad. A lo largo del curso de sus vidas nunca llegarán a ser normales (al menos con los recursos terapéuticos que disponemos actualmente); 3º Sigue siendo desconocida su etiología (nada nos ayuda decir que es un trastorno multifactorial) y 4º De todas las funciones alteradas en estos pacientes, la más afectada es la de la comunicación con otros y consigo mismos, este es el hecho más invalidante”… (Prego Silva, L. E. Autismos. Revisando Conceptos. Ed. Trilce. Uruguay, 1999/ op.cit, pp.28).

Dentro de este trastorno, Leo Kanner describió las siguientes características:

  1. Una incapacidad para establecer relaciones con otros y reaccionar normalmente ante situaciones habituales desde el comienzo de sus vidas.
  2. Dan la impresión de una profunda sabiduría y de una soledad autística inicial. Esto los diferencia de los niños esquizofrénicos, porque en estos hay siempre un período de desarrollo psíquico inicial normal.
  3. Muchos eluden el contacto físico y generalmente los ruidos y algunos movimientos en el ambiente son sentidos como amenazantes.
  4. Hay ausencia de movimientos anticipatorios cuando van a ser levantados en brazos. Estos aparecen normalmente alrededor de los cuatro meses. Da la sensación de que el niño fuera sordo porque cuando lo tocan se asusta, o bien no reacciona.
  5. Ausencia de lenguaje o lenguaje defectuoso cuando aparece, en cuyo caso nunca muestra un propósito de comunicación. Es como si hubiera una autosuficiencia sin valor semántico. Se pregunta si la memorización de cantidad de nombres (que es una de las aptitudes que los caracterizan) no contribuirá a interrumpir profundamente el desarrollo del lenguaje como instrumento de recepción y emisión de mensajes significativos.
  6. Ecolalia actual o diferida.
  7. Los estímulos que provengan del exterior los alteran, aunque muchas veces pueden permanecer indiferentes.
  8. Si la alimentación es la primera intrusión aportada al niño desde afuera, no es extraño que se observen ya en el comienzo de la vida, diversas alteraciones de la conducta en el área alimentaria.
  9. Ciertos ruidos fuertes así como algunos movimientos en el ambiente y aún los ruidos familiares, como el del agua, aspiradoras, ascensores, etcétera pueden generar acciones de terror.
  10. Exigen una inmutabilidad –invariancia- de objetos, de personas del ambiente, incluso con relación a sí mismos del cambio de ropas. Cualquier tipo de cambio los angustia.
  11. Tendencia a hacer girar objetos. Estos les sirven como juegos, como elementos para expresar su cólera, así como también para ciertos ordenamientos. Es como si le diera un sentimiento de poder sobre esos objetos.
  12. Son frecuentes los movimientos corporales rítmicos y reiterados (estereotipados). Lo mismo que hacen los objetos lo repiten con su cuerpo. Se valen de él para ejercitar una aptitud que puede depararles un placer orgásmico.
  13. No se relacionan con personas totales; pero sí con partes de éstas y mucho más con objetos que no tengan movimientos propios (por ejemplo juguetes autopropulsados).
  14. No miran a la cara de otros.
  15. Los angustia o perturba cualquier tipo de intrusión.
  16. Son indiferentes ante la aparición del padre o de la madre luego de una ausencia larga o breve.
  17. Inicialmente muestran resistencia a obedecer órdenes, a las que sin embargo más tarde pueden someterse rutinariamente.
  18. Tienden a deambular sin objeto ni propósito definido.
  19. No establecen contacto físico, gestual ni verbal con otros.
  20. No compiten.
  21. Pueden reconocer a alguien por detalles, por ejemplo, por el color del cabello, pero no a la persona como tal. Esto contribuye a que su conocimiento del mundo sea fragmentado.
  22. Son inteligentes y habitualmente tienen un aspecto y expresión agradable.
  23. Cuando están solos, manipulando algún objeto o abstraídos en movimientos estereotipados de su cuerpo, puede observárseles una expresión de beatitud, acompañada muchas veces de un canturreo monótono o de verbalizaciones ininteligibles.
  24. Habitualmente son normales físicamente. En algunos de los once niños observados hubo retardo en la adquisición de la marcha, pero en general son hábiles en la coordinación motriz fina.
  25. Los que adquieren lenguaje se refieren a sí mismos en tercera persona. No usan el yo. Es posible que en ello influya la ecolalia, puesto que repiten la pregunta o la orden que están recibiendo” (op.cit.pp. 22, 23, 24).

En esta primera descripción no estaba diferenciado el autismo de los que posteriormente se denominó Sindrome de Asperger.

Sindrome de Asperger

Hans Asperger (18 de febrero de 1906 – 21 de octubre de 1980) fue un pediatra y psiquiatra nacido en Viena, Austria. El síndrome de Asperger fue nombrado en su honor, puesto que hasta 1990 no se reconoció su obra internacionalmente… Sí, el amor a lo “póstumo“…

Como decía más arriba, el síndrome de Asperger fue descrito por el Hans Asperger en 1944. Actualmente está comprendido dentro de de los trastornos generalizados del desarrollo, desde 1994, año en que apareció por primera vez en el Manual Estadístico de Diagnóstico de Trastornos Mentales (DSM-IV). Podríamos entenderlo como trastorno neurobiológico generalmente considerado como perteneciente al espectro del autismo.

Las principales características son un desarrollo social anormal (ausencia de amigos), un uso del lenguaje extraño (inventan palabras, repiten frases, pueden aprender a leer por sí) y la presencia de rutinas y rituales (beber siempre en la misma tasa, interesarse por un tema de forma desorbitada, tener movimientos estereotipados).

Las personas con este trastorno, a diferencia del autismo, presentan una capacidad intelectual dentro del rango normal (o superior), pero en lo referente a las relaciones sociales, comunicación y contacto con el otro, existe un trastorno muy evidente. Estos rasgos son visibles desde los primeros años de vida, y dada la dificultar a la hora de establecer un tratamiento, es importantísimo un diagnóstico precoz con el fin de prevenir (daños mayores) y estimular, en la medida de lo posible, al niño.

En cuanto a la etiología, poco se sabe en nuestros días, y en cuanto a la prevalencia, se sabe que es más común en los varones.
Tratamiento específico para una posible cura (sonando terriblemente desesperanzador), no existe, los tratamientos e intervenciones suelen ser de orden sintomático y se basan especialmente en la rehabilitación.

Esto en cuanto a las diferencias, que como pueden ver al leer, en el autismo todo se presenta de forma más grave, por ejemplo, el Sindrome de Asperger, por no ser tan llamativo incluso suele diagnosticarse en la adolescencia…, en cambio el autismo, tiene síntomas que son muy evidentes, como por ejemplo el no mirar a los ojos a la mamá, o esa mirada que te traspasa, el rechazo al contacto, y todo lo que está enumerado.

El pronóstico para los niños con el sindrome de Asperger es en general,  más positivo que el de los niños con con autismo. Como el nivel de funcionamiento intelectual, es normal, muchos de estos niños terminan la escuela e incluso van a la universidad. Lo cierto es que sus problemas respecto a la interacción social y la percepción prevalecen, pero aún así, llegan a establecer relaciones duraderas con la familia y los amigos.

 
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Estar en silencio no es callar. El que calla no dice lo que escucha en su pensamiento. Estar en silencio es estar escuchante. Y hacer recepción de un llamado (...). El silencio es un modo de decir que demanda que alguien se demore en escuchar” (Marcelo Percia).

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